Yuré, Yuré, Yuré

Me tomo la libertad, en este medio, de invocar el nombre de alguien que sabe perseguir y que – según me lo imagino – disfruta de hacerlo. La primera vez que vi el nombre de Luis Yuré fue en la librería de la Universidad de Costa Rica, hace unos años en una visita veraniega, y Tuanis Opus Palo, una colección de poemas llena de cosas ticas, ha desde entonces estado siempre accesible a mis manos, y lo he recomendado a varias gentes que en mi criterio poseen un buen sentido de la poesía, o me han de alguna manera llenado de ella.
Pero no vengo a hablar de mí. Aunque, esta, mi primera colaboración a este blog, sí surge de algo que me pasó hoy, en el primer día del año.
Mi intención era hacer una pequeña mención de Yuré como poeta, como misterio; una pequeña visita a Tuanis Opus Palo como obra, un humilde perfil de alguien sobre quien en realidad no sé casi nada (como muchos). Y creo que más adelante me valdré de este medio para hablar un poco más de este poeta. Sin embargo, la suerte o algún hechizo perdido, me llevó al cuento «Por si acaso la playa se llena de rosas» de Luis Yuré, curiosamente – ¡oh, conincidencia!- publicado en el volumen xvi de Dactylus, el ancestro de nuestro actual Pterodáctilo, en 1997.
He aquí el link: http://www.pterodactilo.com/Archive_project/Dactylus_16_Spring1997.pdf. 
Vale la pena leerlo.
La muerte en Yuré tiende a tener un tono melódico, una ambivalencia desconcertante, un sabor a algo amargo pero agradable. Éste es un cuento de playa, una ceremonia mortuoria inquietante, relatada con una calma, con una serenidad que invita a imaginarnos bajo la arena, con algún remedo de flor sobre el pecho que ya no ha de inflarse más con el aliento.
Las coincidencias  tienden en Yuré a no ser del todo coincidencias, y este cuento llegó a mi por vías muy familiares, trayendo un tema tan cotidiano, tan inesperado, y tan incomprensible como la muerte. El cuento de Yuré está lleno de ciclos; de comienzos; de repeticiones. Hoy vuelve a ser primero de enero, como ya tantas veces, y sigue habiendo gente muerta, y gente viva que la sepulta. Que no sea esto un augurio oscuro, sino más bien que el cuento me los mate de gozo.
Feliz año.

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