Entrevista: Isabel Ibáñez y la escritura como refugio

Entrevista: Isabel Ibáñez y la escritura como refugio

Daniel Molina
The University of Texas at Austin
 

Conversamos con Isabel Ibáñez, escritora mexicana y estudiante de doctorado en su quinto año en el Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Texas en Austin. Isabel nos habla de su primera novela, Los ojos de mi padre (Suburbano Ediciones, 2023) donde invierte una de las figuras más icónicas de la literatura latinoamericana: la del hijo en búsqueda del padre. En esta entrevista con Pterodáctilo, nos cuenta cómo nació el libro, sus influencias literarias y la convivencia entre la academia y la escritura creativa.

¿Cómo nace la idea de este libro?

La historia parte de algo real. Un compañero mío de la universidad murió en un accidente de coche y así empieza la novela. No era alguien muy cercano, pero su padre empezó a buscarnos para saber más sobre su hijo. Venía desde Puebla hasta la Ciudad de México, y yo, sinceramente, me escondía porque me rompía el corazón verlo. Esa imagen de un padre buscando las huellas de su hijo se me quedó grabada. Me hizo pensar en cómo hay partes de las vidas de los demás, incluso de nuestros propios hijos, que permanecen inaccesibles. En la literatura latinoamericana hay muchas historias de hijos que buscan a su padre. Yo quise invertir esa figura y preguntarme qué pasa cuando es el padre quien busca al hijo.

¿Qué autores marcaron tu proceso creativo?

Me inspiré mucho en Josefina Vicens, una escritora mexicana del siglo XX. En su novela, Los años falsos, un hijo intenta convertirse en su padre, quien ya había muerto. Me interesó darle la vuelta a eso y explorar la búsqueda inversa. También me acompañó la autora húngara Ágota Kristóf, aunque sería muy difícil decir que fue una influencia porque su literatura es muy distinta.

¿Y qué mentores acompañaron este proceso?

Lina Meruane fue fundamental. Tomé un taller con ella y me ayudó a darle forma al libro. Y aunque suene raro, también aprendí algo de American Pastoral de Philip Roth. Me interesó su manera de narrar con una estructura que se mueve del presente al pasado y vuelve. Para mí era importante poder conocer el pasado de ambos personajes, tanto del hijo como del padre, pero no de una manera lineal, así que intenté “robarle” esa técnica, como dice el escritor Yuri Herrera.

¿Cómo fue tu experiencia en el MFA de Escritura Creativa en NYU?

Creo que los programas de escritura creativa son una forma de encontrar una comunidad. El mundo editorial ha cambiado mucho y si no vienes de una familia ligada al mundo de las letras, cuesta abrirse camino. Estos programas te ofrecen un grupo de colegas con quienes compartir el proceso. También es duro, porque la crítica a veces es muy ruda y hay quienes incluso empiezan a dudar de sus proyectos. Para escribir no hay una fórmula.

¿Cómo se vive el ciclo de una novela en la era Tik Tok?

Vivimos con la idea de que las cosas no perduran: pasamos de un video al siguiente, y al siguiente. En un año se publican muchos libros y cuando lo presentas, en su momento hay una gran explosión. Después de que pasó todo sentí tristeza porque dije: «¿qué pasa con un libro que ya se publicó?”. Hay que aprender a dejarlo ir, porque ya no es tuyo. Por eso, cuando me invitaron hace poco a la Feria del Libro de Miami, o a hacer una entrevista como esta, recuerdo que la historia sigue viva.

El libro de Isabel Ibáñez: Los ojos de mi padre
El libro de Isabel Ibáñez: Los ojos de mi padre

 

¿Cómo ha sido combinar el doctorado con la escritura creativa?

Depende a quién le preguntes, pero no me parece que sean mundos incompatibles. Estudié Filosofía, no Letras, porque creía que estudiar Letras me quitaría la vocación de escritora, y me equivoqué. Estar cerca de la teoría y la cultura también nutre la creación. En la Universidad de Texas he tenido suerte porque mi asesora, Gabriela Polit, entiende bien lo que implica equilibrar la escritura académica y la creativa. Claro que cuando estoy centrada en la tesis no puedo escribir una novela, así que decidí que voy a escribir cuentos o textos cortos. En mi caso, el doctorado y la escritura pueden coexistir.

¿Cómo ves el papel del Departamento de Español en relación con la escritura creativa?

El departamento apoya mucho la escritura creativa. La profesora Polit ha impulsado la iniciativa de Escritura Creativa donde se imparten clases de escritura creativa en español, al menos para los estudiantes de licenciatura. Sobre todo, hay un interés genuino por parte de varios colegas en construir carreras literarias paralelas a las académicas. Además, los archivos de la universidad pueden alimentar tanto la investigación como la creación literaria. Pienso, por ejemplo, en Cristina Rivera Garza, cuya primera novela surgió de su investigación doctoral. La universidad se ha convertido también en un refugio para quienes escribimos. En nuestro departamento conviven personas con perfiles muy diversos —periodistas, historiadores, lingüistas, críticos culturales— y eso me parece muy positivo porque permite nutrirnos entre todos.

Además de la universidad, lideras proyectos propios. ¿Cómo surgieron?

Tengo dos iniciativas independientes: Escribir para sanar y Leer para cambiar. El primero nació en la Universidad del Claustro de Sor Juana, en México, y está pensado para personas que no buscan profesionalizarse, sino encontrar en la escritura un espacio de autoconocimiento.
Leer para cambiar es un club de lectura centrado en literatura latinoamericana y universal. Ambos proyectos me ayudan a no perder el vínculo con la escritura creativa. Creo que tener proyectos paralelos al doctorado no te distrae, sino que te reencuentra contigo misma.

¿Qué estás leyendo ahora?

Por el doctorado, releo las novelas que trabajo en mi disertación, pero ahora estoy leyendo La otra Julia de Mayra Santos-Febres, sobre la poeta Julia de Burgos. Es una novela fascinante, construida en capas: la escritora que investiga y la historia de Julia entrelazadas. Santos-Febres me encanta; tiene una voz poderosísima.

Para ti, ¿qué significa la literatura?

La literatura me transformó. En mi adolescencia era esa lectora que devoraba los libros que encontraba en la mesa de novedades de mi mamá: García Márquez, Benedetti… Luego tuve una profesora que me guiaba con lecturas, y ahí entendí que los libros podían cambiarte por dentro. En el book club lo veo constantemente: las lectoras se abren a perspectivas que nunca habían considerado.

Daniel Molina Alarco is a Peruvian journalist and doctoral researcher at UT Austin. An award-winning editor and reporter, he received the 2025 Beca Crónica Fellowship to continue his research on human-rights storytelling, focusing on investigative journalism that highlights social issues and marginalized voices across Latin America. ethnography, Black visual cultures, and Afro-Gaúcho spiritual practices. Her work spans photography, documentary filmmaking, and collaborative projects with Black communities in Brazil. Through ritual, memory, and territorial knowledge, her research explores how Black religious and cultural practices shape lived experiences and forms of archiving.

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