Me duele la mano
Oscar Chaidez
The University of Texas at Austin
Lleno de mí –ahíto– me descubro
en la imagen atónita del agua,
que tan solo es un tumbo inmarcesible,
un desplome de ángeles caídos
a la delicia intacta de su peso,
que nada tiene
sino la cara en blanco
hundida a medias, ya, como una risa agónica
–José Gorostiza, Muerte sin fin
Me duele la mano
de tanto tocarme
Me duele la boca
de tanto gemir.
Al cuerpo que siente
que llora en silencio
el mismo que ríe
después de sentir
el placer mutante
que es un orgasmo
—vida, descargo
y muerte a la vez—
no le es suficiente
con satisfacerse;
a veces no basta
con agua beber.
El gozo, sabemos
es tan momentáneo
y suele ser algo
igual de artificial.
El cuerpo completo
no pide por dentro
saciarse día y noche
de satisfacción.
Hay algo que falta
y es de darte pena
si comes y comes
y estás bien panzón.
Ya lo ha dicho antes
un tal Segismundo:
el puro no es pene
en cierta ocasión.
Todo es un gran juego
todo es un esquema;
es una comedia
de sublimación.
Para distraerse
no hay que entristecerse
la pena y el llanto
las hay que tapar
con cosas más dulces
cosas que no duelan;
la paja, a Manuela
hay que celebrar.
Mas todo remplazo
vence con el tiempo
tarde que temprano
éste llegará.
Igual que gusanos
brotan en manzanas
de pronto las ganas
no te llenarán.
El pito ya blando
del cruel forcejeo
pedirá un descanso
el pobre rufián.
Te dirá ¡Disculpa
si no te molesta
suéltame un ratito
quiero descansar!
Así quietecito
solo un momentito
ya no tengas miedo
nada va a pasar.
En estos momentos
podría estar entrando
dentro de otros cuerpos
iguales al mío.
Pero yo no quise
cambiar como otros
(que, así, como yo
sentían un vacío).
Gozar la caricia
de manos ajenas
marcando las venas
dentro de mi ser.
Sentir el reflejo
del alma en un otro
negando el despojo
que brota al nacer
No, yo no quise
y así quede, solo
¡Y solo tan solo
no quiero morir!
¿Dime Dios mío
en qué me he convertido
si hasta del placer
me siento entumido?
Mi mano en mi carne
solía ser tan dulce—
mi cuerpo volaba
girando hacia el sol.
Ahora hasta eso
se ha vuelto rutina
¡Qué noches divinas
de aquel soñador!
Mi mano en mi carne
pulsando el encuentro
de mi alma y mi cuerpo
manantial de sed.
No olvides, me digo,
infausto, abatido
mi cuerpo cansado
de tanto placer.
Oscar Chaidez es poeta y candidato a doctorado en Literatura Comparada en la University of Texas at Austin. Su trabajo creativo y académico explora las intersecciones entre cuerpo, memoria, religión y deseo en contextos latinoamericanos y latinx. Oscar recibió la primera mención del Concurso Enrique Fierro 2025.
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