Violencia de género y feminicidio en el mundo narrativo de María de Zayas

Violencia de género y feminicidio en el mundo narrativo de María de Zayas

Brianna Botello
The University of Texas at Austin
 

Las novelas de María de Zayas se han reconocido por presentar distintas realidades sobre las condiciones sociales de las mujeres durante el siglo XVII. La autora no solo escribía dentro de una época donde la voz masculina dominaba el mundo intelectual y literario, sino también durante un periodo donde la figura masculina imperaba en los discursos sociales y dictaminaba los comportamientos considerados adecuados para la mujer. Aunque es verdad que otros autores, como Miguel de Cervantes, también participaron en criticar las convenciones sociales de la época, María de Zayas lo hace de manera más explícita y confrontacional, dirigiéndose directamente a los hombres de la sociedad a lo largo de sus novelas, incitando a las mujeres a reflexionar sobre la crueldad masculina. Dentro de sus propios discursos, Zayas nos revela cómo una sociedad noble, guiada por el código de honor machista, permite que se ejerzan actos violentos en contra de la figura femenina. Junto a esta crítica, la autora también nos presenta diferentes representaciones de la figura femenina que van desde madres virtuosas a mujeres sexualmente liberadas e, incluso, mujeres que expresan sus deseos por vivir como religiosas antes que someterse a un matrimonio sin amor. 

Es importante notar que Zayas ocupaba una doble condición dentro de la sociedad: la de integrante de una sociedad patriarcal del Siglo de Oro que asumía por hecho la inferioridad condicional de la mujer, y al mismo tiempo la de escritora disidente dentro de ese mismo sistema. Desde esta posición resulta aún más llamativo que la autora utiliza su condición de mujer letrada no solo para criticar las estructuras sociales de la época, sino también para visibilizar la voz y la figura femenina (Blanqué 923). De este modo, las mujeres de Zayas no solo se presentan como seres bellos, humildes, virtuosos e intelectuales, sino también como seres que encarnan espíritus y características transgresoras que, aunque enfrentadas con la violencia masculina, mantienen su virtud, honor y religiosidad a lo largo de la novela. A María de Zayas le interesaba criticar a una sociedad posicionada en contra de la libertad femenina, analizando cómo la mujer socialmente marginada navegaba instantes de violencia de género dentro de un mundo masculino. Con esto en mente, este trabajo tiene como objetivo analizar la violencia de género-sexualizada y el feminicidio en El traidor contra su sangre (1647) y Mal presagio casar de lejos (1647). Este análisis busca examinar de qué modo María de Zayas nos presenta una multitud de personajes femeninos dentro de la nobleza que sufren violencia como resultado de las estructuras sociales y la influencia de los discursos masculinos que perpetúan actos violentos en contra de la mujer.

En El traidor contra su sangre, María de Zayas no presenta distintas representaciones de la violencia de género. La novela comienza narrando la dinámica familiar entre don Pedro y sus dos hijos, doña Mencía y don Alonso. Don Pedro se describe como un hombre cruel y soberbio, preocupado por mantener la herencia familiar en manos de su único hijo, don Alonso (Zayas y Sotomayor y Yllera Fernández 513). Estos deseos de mayorazgo intentaban asegurar que toda la riqueza de la familia se reservará al hijo mayor. Mediante esta representación del padre, se iluminan las “… injustices and double standards of the patriarchy understood here in its most basic sense as the form of social organization in which the father in the supreme authority in domestic, social, and political affairs, as the primary culprits in the plight of women” (Vollendorf 272).  Esta convención social demuestra de qué modo la sociedad se controlaba por los intereses del hombre, relegando a la mujer a una posición de marginalidad económica y social al no dispersar la herencia familiar. 
 
Por lo tanto, los deseos de don Pedro de que toda la hacienda la gozase don Alonso, se complementaban con los deseos que tenía él que doña Mencía fuese religiosa, impidiendo todos los intentos de cortejar a doña Mencía y negando todas las propuestas de matrimonio que se le proponían. A través de estas dinámicas familiares es como comenzamos a observar una de las primeras representaciones de la violencia de género: la violencia intrafamiliar. La novela continúa su desarrollo, relatándonos la relación que se comienza a desarrollar entre don Enrique y doña Mencía. Don Enrique, un caballero natural de la ciudad de Granado que era abastecido de riqueza, enamorado con la virtud y belleza de doña Mencía, decide pedirle matrimonio a doña Mencía, primero comunicándole sus intenciones de casarse con su hija a don Pedro. Sin embargo, don Pedro rechaza la propuesta, diciéndole que doña Mencía será ingresada a un convento para ser monja. Don Pedro, desilusionado por el rechazo por la mano de doña Mencía, decide cortejarla para intentar ganar su favorecimiento y, de ese modo, lograr casarse con ella. 
 
El abuso intrafamiliar dentro de la familia no solo consiste en el hecho de que don Pedro impida que su hija elija su propio destino, sino también en el hecho de que doña Mencía, “viendo que no trataban de casarla… [y] viéndose encerrada y no muy querida de los dos [don Pedro y don Alonso]”, la obligó a aceptar sus condiciones y elegir la vida que se le había predestinado (Zayas y Sotomayor y Yllera Fernández 514). Sin embargo, don Enrique comienza a cortejar a doña Mencía en secreto, pidiendo la ayuda de una criada que siempre la acompañaba. Primero, don Enrique le escribe una carta secretamente a doña Mencía, donde le confiesa sus sentimientos de amor y su deseo por servirla y casarse con ella. Doña Mencía, con la esperanza de que su padre cambiase de opinión sobre el matrimonio, acepta las intenciones don Enrique para cortejarla.  El cortejo de don Enrique hacia doña Mencía se manifiesta a través de paseos, regalos y joyas, así como canciones que le dedicó públicamente. Estas demostraciones de afecto, sin embargo, constituyen una transgresión al código de honor de la época, ya que van en contra de la opinión pública y se pueden interpretar como una mancha contra el honor de la familia. Durante esta época, la deshonra se remediaba mediante tres opciones: el matrimonio arreglado por la familia, el convento, o la muerte del hombre o la mujer como castigo por la deshonra. Lo que desencadena la tragedia de la novela es la sospecha que desarrolla don Alonso sobre su hermana después de que él se entera de que su hermana y don Enrique se han estado viendo secretamente con el fin de conseguir el consentimiento de don Pedro para casarse. Esto incita a que don Alonso crea que su hermana ha manchado la honra familiar al permitir ser cortejada sin el consentimiento de su padre, don Pedro. 

Esta sospecha, conectada a las convenciones sociales creadas por el código de honor machista de la época, crea una justificación mediante la cual don Alonso considera apropiado ejercer violencia contra doña Mencía, lo cual culmina en un feminicidio que Zayas presenta como consecuencia directa de estas estructuras sociales y las opiniones públicas. Esta representación de violencia-intrafamiliar representa lo que estudios contemporáneos han llamado la “hermenéutica de la sospecha”, definida de la siguiente manera:

…encontramos en esta crítica un interés demasiado agudo por negar la eventual verdad de los relatos. Lo que estos críticos no perciben es la evidencia de que, así como puede resultar arbitrario y forzado creer a pie juntillas en la autenticidad de esos “casos verdaderos”, también puede ser igualmente manipulador y tergiversador afirmar todo lo contrario, es decir, su ficcionalidad absoluta. Claro está que para el crítico del siglo xx puede resultar una tarea desquiciante la averiguación de la hipotética verdad de los relatos de María de Zayas, pero que el crítico no pueda determinar cuánta verdad y cuánta ficción hay en ellas no justifica la negación completa de su realidad (Blanqué 942).

Esta crítica nos indica que nuestra tarea como lectores no está en determinar cuánta verdad hay presente en los relatos de Zayas, sino en establecer paralelos entre el mundo de la ficción y el mundo real. No se puede ignorar, además, que este acto violento también representa un intento por parte de don Alonso de asegurar que la riqueza familiar se mantenga exclusivamente en manos del hombre de la familia, siendo él el único hijo varón de don Pedro, acontecimiento que sucedía con frecuencia en la sociedad del siglo XVII. 

También es importante analizar como don Enrique, tras conocer a doña Mencía y comunicarle sus intenciones de matrimonio, se olvida completamente de Clavela, una mujer casada con quien antiguamente mantenía relaciones sexuales. La condición de mujer casada de Clavela implica que su relación con don Enrique no tiene fines matrimoniales, posicionándola como una mujer sexualmente y matrimonialmente liberada que elige mantener diversos amantes. Los encuentros entre ambos ocurren en la casa de unas amigas, espacio que Clavela utiliza para sus encuentros íntimos, no solo con don Enrique sino también con don Alonso. Esta situación evidencia la doble moralidad del código de honor, que solo aplica restricciones a las mujeres virtuosas como doña Mencía, mientras permite comportamientos libertinos a los hombres, sin importar que se relacionen con una mujer casada como Clavela.

Clavela empuja a don Alonso a matar a su hermana y a don Enrique después de que don Enrique se olvida de ella, ya que se encuentra celosa y adolorida por el abandono de su amante. Esta situación demuestra la violencia que puede surgir entre las mujeres dentro del sistema patriarcal de la época. Como indica el texto: 

¿Qué no intentará una mujer libre y celosa? Pues como tal buscó a don Enrique, viendo que él no la buscaba a ella. Y sobre muchos disgustos que sobre el caso tuvieron, viendo que ni con lágrimas ni con ruegos, ni menos con amenazas, le podía volver su amistad, se determinó a llevarlo por camino más violento, pues aunque don Enrique se lo negó, como ella estaba bien cierta de la verdad, no tuvo atención más que a vengarse, y la desdicha le dio modo para hacerlo (Zayas y Sotomayor y Yllera Fernández 520). 

Este fragmento ilustra precisamente cómo Clavela transforma su vulnerabilidad emocional en una herramienta de poder, pues es ella quien le plantea a don Alonso la idea sobre el deshonor de su hermana. Es precisamente cuando están manteniendo relaciones sexuales que ella utilizanda su sensualidad y el momento íntimo para manipular el ego masculino de don Alonso respecto al honor familiar. La creación e incorporación del personaje de Clavela resulta llamativa, dado que muestra cómo Zayas entendía la complejidad del código de honor como un código que podía ser manipulada incluso por aquellos que lo transgreden, como es el caso de Clavela y don Alonso, quienes mantienen una relación adúltera mientras simultáneamente juzgan la sospechada transgresión de doña Mencía y don Enrique. También es importante notar que Clavela se considera una de las razones principales de la muerte de doña Mencía, posicionándose como autora intelectual del crimen, mientras don Alonso actúa como el autor material. La distinción entre autoría intelectual y material del feminicidio permite a Zayas explorar la complejidad en la violencia contra las mujeres, señalando que no son solos los hombres capaces de ejecutar activos violentos, sino también mujeres como Clavela. 

La violencia intrafamiliar queda evidenciada cuando don Alonso, al encontrar a doña Mencía escribiéndole una carta a su amado, reacciona con violencia extrema: “Ido el sacerdote, don Alonso, tornó a entrar donde estaba la desdichada dama, y dándola tantas puñaladas cuantas bastarán a privarla de la vida” (Zayas y Sotomayor y Yllera Fernández 524-25). Sin embargo, vale enfatizar que don Pedro, al enterarse de la supuesta deshonra de su hija, le ayuda a don Alonso a planear la muerte de doña Mencía, dándoles instrucciones que espere matarla hasta que tenga noticias de su llegada a Sevilla. El hecho de que don Pedro, el padre de doña Mencía, esté de acuerdo con que muera su propia hija, y más allá, de que huya para delegarle esa condena judicial-moral a su hijo, refuerza la idea de que el sistema patriarcal, representado aquí por las figuras masculinas de autoridad familiar, es responsable de este feminicidio. Este fin trágico de doña Mencía demuestra de qué modo los comportamientos y actitudes machistas se perpetúan dentro de un sistema familiar y, por lo tanto, dentro del mismo sistema patriarcal, los cuales se consideran responsables por el feminicidio de doña Mencía. 

Mal presagio casar lejos (1647) comienza relatándonos a un “gran señor de España”, que al morir, deja a un hijo y cuatro hijas muy hermosas, solos. El hermano, queriendo asegurarles sus futuros, decide casar a sus cuatro hermanas. Sin embargo, cada una de ellas es condenada a una muerte cruel y violenta. Primero, la mayor doña Mayor, quien al casarse con un hombre de Portugal, se lleva a su hermana menor, doña María con ella. El marido de doña Mayor, queriendo librarse de ella, le escribe una carta bajo el nombre de otro caballero como pretexto para asesinarla. Mientras doña Mayor lee la carta en su aposento, su esposo entra con una espada, matándola. La hermana menor, temiendo la muerte, se arrojó por una ventana, lo cual la deja discapacitada. La siguiente hermana de la familia, doña Leonor, después de alabar a un capitán español, es ahorcado por su esposo mientras se ducha, utilizando el propio cabello de Leonor para cometer el asesinato. Cada una de estas muertes no sólo ejemplifican la serie de femicidios que se llevan a cabo, sino que también nos muestran otro tipo de violencia de género: la violencia doméstica entre parejas. A través de estas distintas representaciones, Zayas construye su crítica al patriarcado en capas, abordando aspectos como el abuso psicológico conyugal y distintas formas de violencia dentro del matrimonio, temas que hasta hace poco ni siquiera figuraban en los debates sobre la violencia contra la mujer (Vollendorf 277). Planteando estos asesinatos, la novela comienza su desarrollo en torno a doña Blanca, la tercera hermana de la familia, que también tendrá el mismo destino que sus hermanas. 

Doña Blanca, una mujer noble española, expresó deseos de casarse por amor y no solo por intereses económicos.  Aunque su matrimonio ya está concertado por su hermano con un príncipe de Flandes, doña Blanca aún busca la posibilidad de poder elegir con quién casarse. Al momento de firmar las capitulaciones, ella sacó por condición al matrimonio lo siguiente:

…que el príncipe había de venir a España, y antes de casarse, la había de galantear y servir un año, de la misma manera y con las mismas finezas, que si no estuviera otorgada por su esposa, sino que la enamorase con paseos, música, billetes y regalos, como si la pretendiera a excusas a fuerza de finezas, porque quería amar por el trato y conocer en él el entendimiento, condición y gracias de su esposo (Zayas y Sotomayor and Yllera Fernández 472). 
 
A través del personaje de doña Blanca, María de Zayas nos presenta a un personaje femenino que, dentro de las limitaciones sociales que le impone una sociedad dominada por los hombres, desea y hace valer el derecho a elegir y conocer al hombre con el que quiere casarse. No sólo expresa que un matrimonio es para siempre y que un marido no se puede devolver, sino que también se niega a ser otra mujer que se casa simplemente por obligación y que, “…sin gusto… viviendo sin él, se pasan de la vida a la muerte, sin haber vivido el tiempo que duró el casamiento…” (Zayas y Sotomayor y Yllera Fernández  473). Aunque el matrimonio se concierta de manera formal y legal, de algún modo condenando a doña Blanca a casarse en contra su propia voluntad, doña Blanca le dice a su dama, doña María, lo siguiente sobre dicha obligación de casarse: “Averigua otra cosa; luego, no tendré obligación de cumplir lo firmado, pues no me dan lo que me prometieron. Y para eso hay conventos, pues no me tengo yo de cautivar con otro diferente del que me dijeron…” (Zayas y Sotomayor y Yllera Fernández 475). El discurso de doña Blanca revela su intelecto al querer negociar su matrimonio, utilizando la justificación que si su esposo resulta ser un hombre que no cumple con las características prometidas de un hombre noble, virtuoso y hermoso, preferiría dedicarle su vida a Dios y elegiría una vida como mujer religiosa antes que verse sometida a un matrimonio sin amor.

Después de ser galanteada por el príncipe de Flandes por un año en España, doña Blanca, recién casada, se parte para Flandes, donde comienza a sufrir el desprecio de su espacio y de su suegro en su nuevo hogar. El príncipe comienza a maltratar a doña Blanca cuando van en camino por tierra hacia Flandes. Al llegar a su nuevo hogar, doña Blanca se encuentra con “… menos gusto que antes, porque el suegro era hombre severo… que tocaba más en cruel que en piadoso” (Zayas y Sotomayor y Yllera Fernández 485). El suegro de doña Blanca demuestra un gran disgusto hacia el hecho que su hijo haya pasado tanto tiempo cortejándola, diciendo que las españolas son locas y que no entiende el deseo que los extranjeros demuestran hacia ellas si no es por desesperación de casarse con alguna mujer. Este maltrato por parte del príncipe continúa a lo largo de la novela, particularmente al encontrarse en compañía de su padre y de su privado, Arnesto. El príncipe demuestra ser un hombre que se deja influenciar por los comportamientos y actitudes misóginas de su padre y su paje, ya que al final de la novela, cuando asesinan a doña Blanca, el príncipe reflexiona diciendo que “se conoció que el despego que tenía con doña Blanca le debían de ocasionar su padre y Arnesto” (Zayas y Sotomayor y Yllera Fernández 485). No resulta coincidencia que, el príncipe, al partirse de España y al llegar a Flandes, crece más desesperado y frustrado con su esposa, eventualmente siendo incentivado por su padre y paje a matar a doña Blanca.  Mediante esta revelación, María de Zayas no solo busca criticar los actos violentos que se cometen en contra de la mujer, sino que, de nuevo, busca criticar el sistema que perpetúa comportamientos violentos y machistas dentro de un mismo núcleo familiar. Aquí no es solo la mujer quien sufre una sería de actos violentos, físicos, verbales e ideológicos, sino también el príncipe al estar sujeto al maltrato y el juicio de su padre cuando es incapaz de estar a la altura de los estándares de masculinidad y misoginia que su padre considera apropiados para un hombre noble. 

Doña Blanca no solo sufre violencia verbal e ideológica por parte de los personajes masculinos dentro de la obra, sino que también sufre abuso físico a manos de su esposo, el príncipe. Después de que doña Blanca recita un romance donde expresa sus sentimientos sobre el desamor que sufre dentro de su matrimonio, poema que sirve como un lamento y queja amorosa, doña Blanca y el príncipe discuten. La discusión se torna más violenta, siendo descrita de la siguiente manera: “Se encendió el fuego, de suerte que el príncipe se descompuso don doña Blanca, no solo de palabras, mas de obras, maltratándola tanto, que fue milagro salir de sus manos con la vida…” (Zayas y Sotomayor y Yllera Fernández 492). Este altercado demuestra formas de abuso físico y verbal dentro de una relación conyugal, iluminando la violencia que las mujeres de esta época sufrían dentro de las esferas privadas de sus hogares. Aunque algunos críticos analizan la violencia descrita por Zayas como una exageración de la realidad del siglo XVII, Vollendorf argumenta que el uso del cuerpo femenino como escenario de luchas de poder en las novelas de Zayas revela paralelismos notables con lo que hoy conocemos como características de la violencia contra la mujer en diversas sociedades (Vollendorf 273). Zayas, consciente de la violencia que las mujeres sufrían durante esta época, crea un mundo narrativo atemporal que continúa conectándose a nuestra sociedad contemporánea.

Después del romance de doña Blanca, el suegro y el príncipe conspiran para matarla con el fin de librarse de ella, siendo esta idea planteada primero por el suegro. El padre del príncipe ejerce un papel importante en la intensificación de la violencia contra doña Blanca.  El feminicidio de la señora Marieta, llevado a cabo por el propio padre de doña Marieta, y su esposo, también es una muerte conspirada por el padre del príncipe. El feminicidio de doña Blanca demuestra aún más la crueldad de Arnesto y su suegro. Después de que doña Blanca descubre la relación entre el príncipe y Arnesto, decide quemar la cama donde los vio manteniendo relaciones íntimas. Este acto sirve como justificación suficiente para que Arnesto, el príncipe y su suegro ejecuten su muerte. Los tres, determinado por “…ejecutar la sentencia contra la inocente cordillera, como ya lo tenían determinado… entrando los dos con su sangrador y Arnesto… [le] abrieron las venas de entrambos brazos [a doña Blanca], para que por tan pequeñas heridas saliese el alma, envuelta en sangre, de aquella inocente víctima, sacrificada en el rigor de tan crueles enemigos” (Zayas y Sotomayor y Yllera Fernández 502). Al momento de ver a su esposa desangrarse enfrente de él, el príncipe le ruega a su padre que perdone el acto de doña Blanca. Sin embargo, resulta importante notar cómo el padre del príncipe responde a estos suplicos de su hijo. El suegro le llama “media mujer” y “cobarde” cuando el príncipe expresa sus sentimientos respecto a la muerte de doña Blanca, demostrando cómo perpetúa comportamientos machistas que influyen directamente en los comportamientos de su hijo. Es significativo que el príncipe sea incapaz de presenciar la muerte de doña Blanca, lo que, sin excusarlo de su responsabilidad en la violencia de género y el feminicidio de su esposa, ilustra de qué modo las ideologías misóginas se van dispersando a través de diferentes grupos y clases sociales.

Ambas novelas de María de Zayas revelan distintas manifestaciones de la violencia de género observadas mediante las relaciones que se plantean entre los personajes de las obras, demostrando como “at every turn, women are persecuted by their male lovers, husbands, and brothers, and through these violations the hypocrisy and misogyny of the Spanish patriarchy are exposed and exploited” (Vollendorf  272). Aunque es verdad que los personajes femeninos se encuentran perseguidos por los personajes masculinos, la autora muestra cómo la influencia masculina conduce a que el hombre, y en algunos casos la mujer, cometan actos violentos. Dado esto, no solo nos demuestra personajes masculinos procedentes de España, quienes son violentos, sino más bien a personajes de distintas partes del mundo, lo cual resulta ser el caso en Mal presagio casar lejos. En El traidor contra su sangre, don Alonso ejecuta el asesinato de su propia hermana; sin embargo, es Clavela quien siembra las sospechas que lo llevan a este acto, mientras que el padre, don Pedro, apoya el plan a pesar de ser el padre de doña Mencía. De forma similar, en Mal presagio casar lejos, el príncipe termina matando a doña Blanca tras despreciarla por influencia de su padre y su paje; el suegro, el príncipe y Arnesto conspiran su muerte, aunque son el suegro y Arnesto quienes finalmente ejecutan el plan. El príncipe, al presenciar cómo su esposa muere enfrente de él, es incapaz de presenciar la violencia que ocurre. 

Zayas presenta a las mujeres como seres virtuosos al narrar que los cuerpos de las víctimas permanecen intactos después de su muerte, lo que simboliza la religiosidad y virtud femenina que persisten incluso tras fallecer. En estas narraciones, la autora ofrece diferentes representaciones de la violencia de género, tanto en contextos familiares como en relaciones conyugales. La autora no se preocupa por los distintos grados de inocencia y culpabilidad, sino el hecho de que “…the female characters perish simply because their male protectors consciously decide to end the women’s lives, for different, yet ultimately proprietary, reasons” (Vollendorf 274). Es importante señalar que María de Zayas no solo presenta personajes masculinos que perpetran actos violentos, sino también mujeres que ejercen violencia dentro del mismo sistema patriarcal, lo que revela la complejidad de las estructuras opresivas y machistas que trascienden las convenciones sociales del género. 
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Bibliografía

Blanqué, Andrea. “María de Zayas o la versión de ‘las noveleras.’” Nueva Revista de Filología Hispánica 39, no. 2 (1991): 921-50. http://www.jstor.org/stable/40299114.
 
Vollendorf, Lisa. “Reading the Body Imperiled: Violence against Women in María de Zayas.” Hispania 78, no. 2 (1995): 272-82. https://doi.org/10.2307/345393.
 
Zayas y Sotomayor, María de, y Alicia Yllera Fernández. Desengaños amorosos. Madrid: Cátedra, 2021.

Brianna Botello, a first-generation scholar and the daughter of two Mexican immigrants, received her bachelor’s degree in Spanish and Africana-Latin American Studies from Colgate University (2025). She is currently a doctoral student in the Department of Spanish & Portuguese at UT Austin. Her research explores gender violence and the construction of masculinity during periods of nation-state building in twentieth-century literature from Mexico, Argentina, and Brazil..

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