A la caza de la gran ballena blanca

El Océano Pacífico es una masa enorme de agua fría y oscura cuando uno se remonta hasta los extremos más australes del continente americano. Sus aguas abandonan esa característica que le dio su nombre en algún momento y se vuelve impredecibles en su fuerza y su terror, donde hoy duermen miles de barcos y hombres en sus profundidades. La inmensidad de este terreno que separa Asia de América hace que todo en perspectiva parezca pequeño, todo excepto lo que nace allí mismo como los secretos ocultos en la fosa oceánica de las Marianas.

Pero en esta inmensidad oscura de aguas negras azulosas un tiempo se pudo ver uno de los prodigios más famosos del mundo, el contraste de los 21 metros o 70 pies de blancuzca carne cetácea que recorría los mares del sur y destruía barcos balleneros con sus poderosas mandíbulas dentadas. A principios del siglo XIX se hizo famosa entre los pescadores del sur de Chile la mitológica cabeza blanca cubierta de lapas de Mocha Dick, el gran cachalote albino que rondaba las costas más australes de este continente.

Mocha Dick fue el seudónimo que le dieron pescadores balleneros de diferentes naciones que intentaron dar casa a esta bestia que se dice que hundió más de tres embarcaciones completas, y cargaba en su lomo con más de una docena de arpones que eran visibles cuando, en una maniobra acrobática inusitada, su láctea piel abandonada completamente la fluidez marina para mostrarse imponente en un salto aéreo que convertía en astillas las quillas y proas de los barcos.

Jeremiah Reynolds publicó a principios del siglo XIX un artículo en The Knickerbocker contando la historia de el famosos cachalote, historia nutrida por su propia experiencia pero también por la fama que el animal ya tenía entre los balleneros de las costas de Nueva Inglaterra. Fue esta historia la que en parte inspiro lo que luego vendría ser una de las grandes novelas Estadounidenses por excelencia: Moby Dick de Melville. Aunque la ballena de Mellvile abandonó las aguas del pacífico sur para dirigirse hacia su zona más occidental, la descripción de la misma no puede negar la fuerte influencia que el cachalote chileno.

El año pasado (2012) la historia fue revisitada una vez más; esta vez desde la angosta y larga

Mocha Dick

faja de tierra al extremo sur del continente. En manos de Francisco Ortega y Gonzalo Martínez, y bajo el alero de Editorial Norma, se recuenta la historia de Mocha Dick esta vez en formato de novela gráfica. Y es muy interesante ver esta historia rescatada por autores del sur, quienes recuperan el mito que la literatura Estadounidense a hecho suyo para darle una nueva mirada y devolver a las cercanías de Carahue a la inmensa antigüedad albina del cachalote. Desde sus raíces en mitos mapuches hasta temas que hablan sobre las problemáticas de las leyes de pesca y explotación de recursos, es una novela interesante y entretenida/

Según el relato de Reynolds el cachalote fue atrapado en su momento en venganza de los barcos que hundió con su furia, sin embargo, en la zona todavía se puede ver en contraste con las oscuras aguas, una borrosa figura blanca que nada a gran velocidad y si se tiene suerte, o quizás mala suerte, se puede ver su inmenso cuerpo abandonar las aguas para contrastarse contra el cielo oscuro de la noche, donde su blanca cabeza cubierta de percebes se confunde con una gran luna llena.

Mocha Dick: La Leyenda de la ballena blanca.
Por Francisco Ortega y Gonzalo Martínez
Editorial Normal, Santiago.
2012

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